Mientras las enfermeras pasaban apresuradas con medicamentos y los administradores con portapapeles, mi padre y yo nos sentamos a esperar. Mientras las sillas de ruedas y sus ocupantes avanzaban y los auxiliares repartían bandejas de comida, contemplamos la escena de este pequeño y bullicioso centro de rehabilitación que se convertiría en su hogar (al menos temporalmente) en el futuro previsible.
Después de varias caídas y otros problemas de salud, mi padre sabía, como todos, que necesitaba más atención para recuperar las fuerzas. Todos estuvimos de acuerdo. Sabíamos que era lo mejor, nos decíamos.
Pero aún así, la incertidumbre y la aprensión se apoderaron de nosotros mientras él y yo continuamos esperando, de la mano, hasta que llegó la sonriente trabajadora social, anunciando que la habitación 21 estaba lista.
Después de quedarme para firmar papeles, fui a la habitación de mi padre, pero terminé en el comedor. Allí, justo al lado de la puerta, colgaba una placa decorativa de madera con las letras ASAP en letra mayúscula verde. Sí, pensé en ese instante, aquí sí que se apresuran para hacer las cosas "lo antes posible", con todas las necesidades médicas, físicas y emocionales de los pacientes en este entorno de atención restaurativa.
Sin embargo, tras una segunda mirada, me di cuenta del verdadero significado del acrónimo. No era el significado común que pronunciamos en momentos de urgencia, sino uno mucho más reflexivo. Debajo de las letras, en cursiva más pequeña y fluida, se leía “Always Stop And Pray” (Detente siempre y ora).”
Esa fracción de segundo de reconocimiento se transformó en gratitud. Qué prioridades tan diferentes en ese simple término. Compasión. Esperanza. Buena suerte. Mi incertidumbre empezó a disminuir.
Cuando por fin entré a la habitación 21, no pude compartir este pequeño tesoro con mi padre, pues ya se había quedado dormido, exhausto por el ajetreo del día. Así que desempaqué algo de ropa y preparé algunas fotos, sin dejar de pensar en esa placa y los dos significados que podría tener.
Aunque a veces es necesario, "lo antes posible" evoca la sensación de un mundo secular y apresurado, una idea centrada en nosotros mismos y en lo que podemos hacer en el menor tiempo posible. El otro, un recordatorio de "siempre detenerse a orar", es un pequeño empujón para hacer una pausa, bajar el ritmo y considerar cómo Dios está presente en esas vidas ajetreadas. ¿Levantar un "gracias", un "te necesito" o un "lo siento" a Dios? Ese es un recordatorio que todos necesitamos.
Cuando una enfermera pasó con toallas, le dije cuánto apreciaba esa placa, especialmente en un centro sin afiliación religiosa. "¿Acaso no necesitamos todos un poco de oración para sobrellevar el día?", rió, añadiendo que había letreros inspiradores de gratitud, amabilidad y alegría por todo el centro. Sobre las molduras de las puertas. En los estantes de la sala común. En la ventana de recepción. Y, como noté más tarde, me recordaban un mensaje similar de las Escrituras: "Regocijaos siempre, orad sin cesar, dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para vosotros en Cristo Jesús".“
Siempre detente a orar. Una directiva tan clara, que podemos seguir en cualquier momento y lugar, una oportunidad abierta para un diálogo continuo con Dios. Y así lo hice, con toallas en la mano, mientras mi papá dormitaba en esa habitación de la esquina de este lugar compasivo. Mi oración fue sencilla: una oración de agradecimiento. Él estaría bien aquí.


